Esta es mi historia

Maternidad y Crecimiento nació con mi hija Carmen, hace ya más de 6 años. Creé este espacio seguro donde podía expresar y compartir todo aquello que me estaba pasando y que no encajaba con mi idea preconcebida de la maternidad.

3 años después llegó la revolución emocional con mi segunda hija Ana, que removió todas las creencias y cadenas que me dominaban y me empujó a buscar el origen y la solución a eso que tanto me dolía y no podía comprender. 

Laura Gutman y su proceso de la Biografía Humana fueron el trampolín de salida de este viaje de descubrimiento.

Pero la verdadera transformación sólo llegó cuando tuve que salir de mi zona de confort.

Cuando, en junio de 2017, definitivamente volvíamos a España después de 9 años de expatriación, me encontré con lo que realmente significaba la maternidad.

Yo, que era una madre consciente, que leía artículos sobre cómo educar en respeto e igualdad, me veía totalmente desbordada y sin recursos para afrontar nuestra nueva etapa.

El cambio fue radical. De trabajar mi marido y yo en una de las mayores constructoras españolas desarrollando proyectos emblemáticos por todo el mundo, con dos sueldos de expatriados y dos chicas haciendo todas las tareas de la casa, llegábamos a España sin trabajo, sin casa, sin ayuda y sin idea alguna de que hacer con nuestra vida.

Decidimos comprar un coche y viajar para conocer España ya que, como familia, solo conocíamos mi pueblo y el de mi marido.

Comenzamos el viaje dándonos cuenta de que la empatía de nuestras familias no era la que hubiésemos deseado en nuestra situación. Incapaces de entender que necesitábamos encontrarnos como familia y pensar en nuestro futuro, tan incierto en aquel momento, seguían esperando que cumplieramos, como siempre, con nuestras obligaciones de "buenos hijos".

El viaje fue increíble, recorrimos durante un mes y medio gran parte de la costa española y portuguesa y disfrutamos muchísimo, pero la ilusión de unas vacaciones idílicas de familia feliz y fotos de Instagram, quedaban muy lejos de nuestra realidad.

El dia a dia con las niñas, sobretodo cuando llegaba la noche, era cada vez más complicado. Mis luchas de poder con Carmen, la mayor de 5 años entonces, eran cada vez más frecuentes y más fuertes. Me sentía perdida, desesperada y muy frustrada. Cada vez tirábamos más del teléfono y de la tele para buscar momentos de tranquilidad que, ahora reconozco, eran un acto desesperado de desconexión, para dejar de sentir esa impotencia e ira por no saber relacionarme con mis hijas.

La situación se estaba volviendo insostenible y yo no veía solución por ninguna parte. Empezaba incluso a pensar en que, quizás, esas voces que siempre había criticado podrían tener razón.

En ese escenario, llegó a mi vida el Entrenamiento Paternidad Efectiva. No me lo pensé, lo empecé rápidamente y realmente fue mi bote salvavidas.

Empecé a aplicar las herramientas en las situaciones indicadas y parecía magia!

Los comportamientos que me desquiciaban desaparecían al darme cuenta de cuál era la necesidad y saber cubrirla antes de que llegara la sangre al río.

Aprendí tanto que no me lo podía creer!

Cuando por fin llegamos a casa, nos ubicamos y empezamos el colegio, todo más o menos fluía, pudimos implementar la disciplina rítmica y tomar cada uno nuestras responsabilidades pero, cuando parecía que todo era perfecto, sucedía algo que me hacía explotar incluso peor que antes.

Que estaba pasando? Se suponía que ya sabía las técnicas, las herramientas, ya las había implementado y habían funcionado. Entonces, por que no era todo perfecto y maravilloso ya?

Cada vez que mi expectativa de vida tranquila y serena se veía decepcionada, mi frustración y angustia se disparaban y sentía como la ira se apoderaba de mí, como si fuese un demonio esperando a la más mínima oportunidad para tomar el control.

Algo faltaba, tenía que ir más adentro, tenía que seguir buscando el origen y solucionarlo. 

No podía, ni quería permitir que eso que me pasaba siguiese haciendo daño a mis hijas.

En ese momento apareció ante mí la posibilidad de formarme como Facilitadora del Método Paternidad Efectiva y supe que era lo que estaba buscando.

Sin dudarlo me sumergí en un mundo de descubrimiento que nunca hubiese soñado y se hizo realidad lo que hasta entonces me parecía imposible.

Entendí que todo está en mi, que yo soy lo primero, que tengo necesidades y, no solo el derecho, si no el deber de satisfacerlas, sin culpa!

Si! por fin pude soltar la culpa por no ser la madre perfecta, la culpa por intentar tener tiempo para mi, la culpa por pensar en mí antes que en los demás.

Hoy se que solo estando llena puedo dar y por fin puedo decir alto y claro que:

Estoy orgullosa de la mujer y la madre que soy!

Eso que te parece imposible está a un paso de ti!

Te atreves a darlo?

Un gran abrazo,

Esther de Maternidad y Crecimiento