Para ver la luz hay que cruzar el tunel

23.03.2017

Llevo mucho, mucho tiempo sin escribir. La llegada de nuestra segunda hija ha sido mucho más impactante todavía que la de la primera y el reajuste ha llevado mucho tiempo. Realmente, seguimos obviamente en ello, porque esto es una carrera de fondo y la meta ni siquiera se atisba después de más de 2 años.

El caso es que cuando mi primera hija era una bebe y veía mis limitaciones como madre pensaba que cuando tuviese otro, como ya estaba aprendiendo, todo sería mucho más fácil, simplemente tendría que aplicar las lecciones previas pero... NADA MAS LEJOS DE LA REALIDAD!

La llegada de mi segunda hija nos pillo en un momento muy turbulento de nuestras vidas profesionales que obviamente nos llevó a un momento muy turbulento en nuestras vidas y relaciones personales. Estábamos recién llegados a Hanói, con un detrimento en nuestras condiciones económicas muy importantes y realmente sin rumbo.

Pero eso no fue lo peor para mi pobre hija, lo peor fue que su madre no era una mujer madura y lista para darle todo lo que necesitaba. Yo era todavia una niña bajo el yugo de su madre "La Generala", la cual, para más inri se instaló en nuestra casa UN MES Y MEDIO!.

Aparte de que eso casi nos cuesta el divorcio, lo peor es que yo salí corriendo. No era capaz de darle a mi hija recien nacida lo que necesitaba y viendo (o queriendo ver) que ella no protestaba, cogía mi moto y me iba con mi hija mayor o sola y dejaba a la peque con Diep (nuestra bendita maid vietnamita a la cual le debo todo por haberle dado a mi hija el amor y el calor que en aquel momento yo no fui capaz).

Además de irme, cuando estaba en casa me ponía a hacer casas y juguetes con las cajas de la mudanza, geniales y preciosas porque es algo que me encanta y ahora entiendo que me permitía evadirme.

Cuando mi pequeña iba a cumplir los 4 meses nos mandaron a HCMC y tuve que empezar a trabajar. La verdad es que ella casi ni noto la diferencia, porque yo cada vez me separaba más de ella y ella, lógicamente, más se acercaba a Diep (que gracias a Dios se vino con nosotros en el traslado de ciudad). Yo seguía necesitando escapar y aquí incluso compre maderas, clavos y de todo para hacer una casa en el jardín.

Así que después de trabajar, en vez de estar con mi hija pequeña el rato que la mayor estaba en el colegio, lo aprovechaba para hacer la casa. (No tengo fotos, yo creo que es porque ya mientras la hacía me sentía culpable y no quería dejar pruebas de aquello). Llego un momento en que el día que Diep descansaba y mi hija tenía que estar toda la tarde conmigo, lloraba y se quería ir.

En verano, cuando cumplio 6 meses viajamos a España y el destino puso en mis manos el libro de Laura Gutman: "La maternidad y el encuentro con tu propia sombra", lo compre, lo leí y me quise morir.

Me di cuenta de lo separada que estaba de mi hija. Yo! Que era una madre responsable, que escribe una web como esta que habla de crecimiento, de pensar por nuestros hijos, de respetarlos, de darles lo que nos faltó a nosotros... Yo estaba a años luz de mi hija, por mucha lactancia a demanda, por mucho colecho y por mucha historia, no estaba conectada con mi hija! Ni mucho menos!

La culpa se apodero de mí. Y diréis, pues bueno, si ya te has dado cuenta, empiezas a estar más con tu hija y ya está, solucionado el tema. Pues no! No es tan fácil, es todavía peor, porque encima la culpa te hace tener todavía menos capacidad y menos confianza en ti misma y eso ella lo notaba y todavía quería más irse con Diep y yo entonces me ponía furiosa de celos.

Seguí leyendo a Laura y las historias de otras madres y personas y me decidí a coger el toro por los cuernos y hacer mi BH, la Biografia Humana, que es en lo que se basa la terapia desarrollada por Laura y que ahora tenemos la oportunidad de hacer vía Skype.

Yo sabía que mi infancia y la relación con mi madre habían sido muy influyentes en mi vida y mis limitaciones pero quería saber cómo sacar todo eso de mí y sobretodo como poder darle a mis hijas lo que necesitaban.

Ha sido un camino duro pero muy gratificante. Me di cuenta de que aunque estaba a más de 10,000 Km de mi madre, yo seguía gastando mi energía en contentarla y darle explicaciones. Me di cuenta de que seguía siendo una "exiliada emocional", con un gran vacío interior por las carencias de amor verdadero en mi infancia y en toda mi vida. Era una niña que seguía huyendo y buscando migajas de amor. Obviamente, con este escenario era imposible darles a mis hijas lo que ellas necesitaban. Porque también entonces me di cuenta de que estaba equivocada pensando que a la mayor si le había dado todo.

Gracias a este camino de apertura he sido capaz de ver cuáles son los hilos que me movian, soltarme de ellos (al menos estoy en ello), los roles que he tomado para sobrevivir y los que interpretan los demás. Lo más importante es que ahora soy consciente de lo que sucede y sé que puedo intervenir, no soy una mera marioneta. Veo mis reacciones y con esfuerzo las puedo redirigir y sobretodo cambiar el punto de mira hacia mis hijas en vez de hacia mi madre o el resto del mundo.

Lo más complicado ha sido la culpa, todavía echo la vista atrás y me siento fatal por lo que hice o por lo que no hice, pero al menos fui capaz de poder agradecerle a Diep todo el amor que le dio a mi hija cuando yo estaba fuera, en vez de echarla de mi vida que era lo que muchas veces me apetecía.

También he sido capaz de acercarme a mi hija y construir una fantástica relación con ella la cual evoluciona día a día.

Pero el logro más importante por el que cada día creo que todo merece la pena y que no lo estamos haciendo tan mal, es ver como mis hijas se adoran la una a la otra y comparten cada momento, como cuando una no esta es por lo primero que pregunta la otra. Son hermanas y amigas de verdad y eso me llena de orgullo y de felicidad.

Nuestro objetivo ahora es sin duda darles la estabilidad que ellas se merecen y poder permitirles desarrollarse completa y libremente. Nos queda mucho trabajo por hacer y ni mucho menos esta todo aprendido, cada día es una lección y no podemos despistarnos ni un segundo, porque los automáticos saltan y si no somos conscientes volvemos a repetir los errores que se cometieron con nosotros.

Día que pasa no vuelve y grito en el corazón deja siempre cicatriz.

Gracias por permitirme compartir mi experiencia, espero os ayude y compartáis las vuestras conmigo.