Sororidad: la alianza que cambiará el Mundo

20.07.2018

Nuestras hijas, el mundo y el futuro nos necesitan. Necesitamos a todas las mujeres de hoy para que las de mañana disfruten de una realidad donde se reconozca su valor, sean realmente libres y vivan su vida plenamente.

Ser madre de dos niñas me ha hecho plantearme cosas que antes pasaban desapercibidas para mi, cosas a las que, en realidad, no quería mirar.

Hoy miro la sociedad actual y siento miedo. Me doy cuenta de cómo la educación, tanto en casa como en la escuela, nos conduce a una realidad muy limitada especialmente para las mujeres. Desde muy pequeñas empezamos a recibir y a hacer propios los mandatos de género al ver como normales cosas que no deberían serlo, como por ejemplo que las mujeres tenemos que cuidar de todos, que si pensamos en nosotras somos egoístas, que nuestro destino es casarnos y tener hijos...

Hacia dónde va la sociedad?

Intento no ver noticias para no perder la esperanza, pero también quiero saber a que se van a tener que enfrentar mis hijas cuando tengan que salir solas al mundo y cuando leo sobre la actualidad de la juventud me da realmente mucha pena y miedo.

Las chicas de hoy aceptan por normales actitudes y palabras de desprecio que para nosotras eran impensables en nuestra adolescencia y juventud.

Las chicas y los chicos cada vez empiezan antes sus relaciones sexuales y muchos de ellos no toman las precauciones necesarias. Parece que no sepan nada sobre embarazos y enfermedades sexuales que pueden truncar sus vidas en un segundo.

Es realmente preocupante la falta de respeto que las chicas muestran por ellas mismas y por su cuerpo, es evidente que si alguien no se respeta a sí mismo es imposible que lo hagan los demás.

Por qué está sucediendo esto?

Los adultos de hoy somos los niños de ayer

La calidad de la crianza en la infancia forma los cimientos de lo que seremos durante toda nuestra vida.

En nuestra época, en general se aplicaba una crianza muy estricta, donde la opinión del niño no existía y donde había que obedecer por norma. Pero, por otro lado, nuestras madres estaban pendientes de nosotros, nos llevaban y nos recogían en el colegio, hablaban con los profesores... en resumen, aunque te pareciera un rollo que tu madre no te dejara ni respirar, ella estaba pendiente de ti y te sentías protegido y querido.

Con el paso de los años hemos pasado a trabajar los dos miembros de la pareja con horarios interminables, vemos a nuestros hijos pocas horas al día y nos acostumbramos a estar sin ellos, tanto, que el fin de semana no sabemos ni qué hacer tantas horas juntos.

He oído incluso a madres decir delante de su hijo que cuando llega el fin de semana y se lo lleva su ex, ella se arregla y es entonces cuando empieza a vivir.

Esta soledad y crueldad crean heridas muy graves y profundas en lo más profundo de nuestro ser ya que el mensaje claro es que soy una molestia en vez de una bendición.

Si nosotros necesitamos curar las heridas de nuestra infancia, imaginate el trabajo que tienen estos chicos y chicas de hoy con toda esa herencia en su subconsciente.

Las necesidades que no son cubiertas en la infancia crean un vacío enorme dentro de nosotros y nos pasamos la vida intentando llenarlo. Pero lo hacemos de una forma disfuncional que, en muchas ocasiones, se traduce en una pérdida total del valor personal y todo lo que eso conlleva que estamos viendo hoy en dia.

La verdad, yo quiero otra realidad para mis hijas.

Yo quiero que tengan la posibilidad de ser ellas mismas, de tomar sus propias decisiones y de vivir sus consecuencias sin sentirse juzgadas ni culpables por nada.

Sin una maternidad de calidad la humanidad está perdida.

De tener madres presentes, conscientes y que cubran las  necesidades de sus hijos, depende su estabilidad emocional, la de los adultos del mañana.

Si queremos respeto, libertad y equidad necesitamos criar niñas y niños que rebosen amor y cuidados por sus poros porque, como ya hemos comprobado, los trastornos psicológicos generados en la infancia son los principales responsables de los problemas de la sociedad.

Criemos desde el amor niñas empoderadas y niños respetuosos, para que las próximas generaciones puedan vivir su vida en libertad y plenitud

Para que eso sea posible cada mujer que decide ser madre debería tener el apoyo del resto y de toda la sociedad.

Somos las madres las que podemos influir en nuestros hijos para mal o para bien y, de la misma manera que la crianza tradicional ha sido machista y sostén del patriarcado, una crianza consciente puede cambiar la sociedad.

Realmente creo que es la única posibilidad porque arreglar adultos es mucho más difícil que criar niños con respeto y amor.

Que puedo hacer hoy por mis hijas?

Lo que hacemos hoy impacta directamente en lo que serán nuestras hijas y en las fortalezas o debilidades que llevaran en su mochila durante toda su vida.

Debemos poner las bases para que sus cimientos sean fuertes y puedan soportar los empentones que la vida seguro les va a dar. 

Si se saben seguras, poderosas y valiosas van a saber responder ante los desafíos que seguro les tocará vivir.

Ese trabajo empieza hoy y nosotros lo hacemos con rutinas y principios muy sencillos:

  • Leemos sobre las vidas de mujeres poderosas que cambiaron el mundo y se sienten muy identificadas con ellas.

  • Ofrecemos nuevas idolas como Wonder Woman que puedan sustituir a las princesas Disney que tanto daño han hecho a la mujer.

  • Los juguetes son juguetes y punto y no tienen género.

  • Ellas ya saben que casarse no es el fin de nada y ni siquiera es necesario.

  • Saben que solo ellas pueden decidir sobre su cuerpo y lo que quieren hacer con él.

  • Respetamos la sexualidad y la tratamos sin ningun tabu, aceptando absolutamente todo lo que surja con total naturalidad.

  • Todas las mujeres somos hermanas y como tal debemos tratarnos y respetarnos.

  • Los chicos y los hombres son nuestros compañeros, hermanos y padres y les respetamos y amamos como tal, conociendo nuestras diferencias y nunca viéndonos ni por encima ni por debajo de ellos.

  • Sabemos que tenemos la fuerza necesaria y nos entrenamos físicamente para saber reaccionar, defendernos y atacar si se presenta alguna situación de peligro.

En definitiva, aplicamos una crianza para empoderar y en sororidad.

Es fundamental que les quede bien grabado que ellas son capaces de todo y que podrán hacer lo que se propongan. Conseguirlo dependerá solo de su esfuerzo y no de lo que opinen los demás.

No me olvido ni mucho menos de las madres con hijos varones, al contrario, esas madres tienen una gran responsabilidad en sus manos. Criar los niños que serán los hombres mañana, hacerlo con amor, respeto y apertura para que esos hombres tenga estabilidad emocional, sepan reconocer y respetar lo especial de la feminidad, incluso en ellos mismos y así poder construir una sociedad basada en el respeto y en dar a cada uno lo que realmente necesita. 

Cada dia estoy mas convencida de que esta labor solamente la podemos realizar las madres.

Pero solas y aisladas no podemos conseguirlo, necesitamos estar unidas y apoyarnos realmente las unas a las otras, aunque opinen diferente, aunque actúen diferente, aunque sean diferentes. 

La sororidad: alianza real de todas las mujeres del mundo, es la única oportunidad para la humanidad. 

Tenemos que volver a vernos y mirarnos como hermanas de corazón, dejar de ser rivales para poder apoyarnos y proveernos el soporte necesario para criar a nuestras hijas y a nuestros hijos llenando sus sus mochilas de autoestima, valor personal, poder, respeto y empatía.

Ayudemonos, apoyemonos y vayamos todas en el mismo sentido: Alianza, hermandad, respeto y equidad.

Juntas y unidas podemos lograr hacer un mundo mejor para todas las mujeres. Con sororidad y una crianza consciente y amorosa todo es posible.

Hoy hemos puesto en marcha el primer proyecto 100% originado, comandado y ejecutado por mujeres poderosas que va a plantar la verdadera semilla de transformación que el mundo necesita.

Si te sientes identificada por favor comparte, esta misión te necesita y puedes ayudar mucho con solo un click.

Un abrazo,

Esther de Maternidad y Crecimiento