Mi Alma en La Tierra

25.04.2018

Ahora que estoy de regreso lo veo todo claro! Como pude estar tan ciega? Todo empezó antes de mi última reencarnación. Cuando me tocó la hora de volver, fui a ver a La Creadora de todo lo que es y revisamos mi caso.

En esta vida me tocaba aprender el amor incondicional, el perdón de corazón y el servicio a los demás como instrumento de crecimiento.

Elegimos meticulosamente los dones que me llevaba a la tierra para poder cumplir mi misión y seleccionamos a mis padres, mi familia y mi entorno para que las experiencias de mi infancia fuesen tales que me hicieran sentir soledad, desconexión, injusticia, desamparo... porque para entenderlas y aprender de ellas es imprescindible sufrirlas y vivir sus consecuencias.

Mi alma, convencida de que era capaz de conseguirlo, abrazó a la Diosa Creadora y marchó al viaje de la vida terrenal.

Llegó con toda la energía, la luz y el poder de las almas puras. Era amor, poder, serenidad, creatividad... pero pronto se encontró varios NO!: como cuando tenía hambre (a deshoras, les oía decir a sus padres) y no saciaban su hambre o sus llamadas de auxilio no eran entendidas y pensó: Si mis padres, que tanto me quieren, no contestan a mis llamadas será que no son válidas ya que ellos lo saben todo, son mis padres! Así que algo debe haber mal en mi y lo que yo siento no debe ser real. 

Parte de mi tomó entonces la decisión de intentar callar esa voz interior que gritaba pidiendo cubrir necesidades.

Más adelante la fuerza de mi alma quería salir y aprender a hacer cosas por sí misma, pintar, correr, gritar, tirar cosas al suelo... pero el NO! siempre estaba presente y pronto entendió que debía de callar esos impulsos si quería recibir la aprobación y el afecto de sus padres. Así, tomó la decisión de que necesitaba ser diferente a lo que verdaderamente era, porque algo no estaría bien en ella si a sus padres no les gustaba y lo negaban.

Mi cuerpo y mi alma siguieron creciendo y empezaron a disfrutar el uno del otro pero cuando recibieron el NO! por ello, sintieron vergüenza y suciedad de aquel placer y mi ser tomó la decisión de que todo lo sexual era malo y sucio y que esos impulsos que sentía debían ser algo malo.

Sintiendo entonces que todo lo que salía de su esencia original no era bien recibido tuvo que esconderlo y enterrarlo bajo disfraces y máscaras que le permitieron sobrevivir a su infancia.

Cuando llegó la adolescencia, esa esencia se quiso revelar, pero las decisiones tomadas fueron reforzadas por el entorno y sucumbió de nuevo.

Durante muchos años mi alma se olvidó de a lo que había venido a este mundo, a este viaje fugaz que es la vida y vivió intentando llenar sus vacíos desde afuera y responsabilizando a las personas que tenía a su alrededor de su desdicha.

Hasta que el despertador sonó cuando llegó la maternidad. Con ella todas las máscaras y disfraces molestaban y no encajaban por ningún lado. Así que mi alma empezó a buscar respuestas a todo aquello que no entendía y que resonaba en su interior. 

No fue suficiente una maternidad, tuvo que llegar la segunda para darnos cuenta de que había mucho trabajo por hacer y que las respuestas estaban únicamente en nuestro interior.

Así mi mente, mi cuerpo y mi alma pasaron por varias etapas como el darse cuenta, el permitirse sentir las emociones reprimidas, el resentimiento hacia los padres por su imperfección, el reconocimiento de todas las decisiones tomadas, aceptar la responsabilidad de haberlas tomado y de haber sido yo misma la que me puse esas máscaras que luego se convirtieron en cadenas.

Después de todo este darme cuenta, de entender, llegó el momento de ver más allá y de, a través del perdón a mi misma por haberme traicionado y haberme dejado de amar, llegar a entender que soy perfecta tal y como soy, que tengo un lugar reservado y específico en esta vida y que sólo yo soy capaz de llevar a cabo mi misión aquí.

Me perdoné por todas las cosas de las que me avergonzaba de mí misma al entender que fue lo mejor que pude hacer con las herramientas que tenía en aquellos momentos y que todas y cada una de ellas forman parte específica de mi camino y de mi misma.

Al perdonarme y volverme a amar tal como era, sin máscaras, permití a mi verdadera luz volver a brillar y a mi alma recuperar toda la sabiduría con la que había llegado a este mundo y que había tapado debajo de tantas creencias limitantes.

Una vez que entendí de dónde venía, pude volver a conectar con la Creadora y entender que todo lo que llegaba a mi vida me era delicadamente escogido por ella para permitirme continuar mi camino de aprendizaje hasta que, tras una vida dedicada a conocerme mejor, a ser mejor persona y mejor madre y enfocada a ayudar a otras personas a encontrar su camino, por fin mi alma aprendió su lección.

Ahora estoy aquí de nuevo junto a la Creadora y al mirar desde esta perspectiva todo tiene sentido, toda nuestra vida, todas nuestras experiencias, todo es por algo y es nuestra responsabilidad si aprendemos de ello o seguimos huyendo.

Te espero en mi escuela de amazonas para juntas encontrar el camino.

Un abrazo,

Esther, de Maternidad y Crecimiento