Empieza hoy y di adios a la culpa

20.05.2018

Hace unos días reviví la experiencia de mi nacimiento y sentí perfectamente, como mis vasijas de la confianza, de la valía y de la conexión se rompieron en mis primeros momentos de vida extrauterina.

En un primer momento pensé que, debido a las decisiones que tomé en ese momento, se forjó mi carácter fuerte, independiente, autosuficiente... y que eso llegó hasta hoy tal cual. Pero ahora veo claramente que, aunque fue algo que influyó y mucho, no es, ni mucho menos, un hecho aislado el que hace que hoy sea como soy.

Por suerte, nuestras vasijas no son algo inmóvil, si no que están en constante evolución y se pueden romper, arreglarse, llenarse, vaciarse e ir cambiando igual que nosotros vamos creciendo.

Después de esa primera regresión, seguí reviviendo la vida de esa bebe y de esa niña que había tomado decisiones muy importantes y que, por supuesto, habían marcado su carácter en aquel momento como niña que no pide, que no protesta y que simplemente es muy buena, pero tambien muy triste y retraída.

Yo podría haber tomado otras decisiones, por supuesto, pero quizás, si mi madre se hubiera dado cuenta de lo que nos estaba pasando y hubiese puesto remedio a la desconexión, mirándome y cubriendo las necesidades que todo niño tiene aunque no pida, yo podría haber cambiado de opinión y haber empezado a pensar que las decisiones que había tomado estaban equivocadas porque hubiese sentido que sí había alguien a quien le importaba, que si había gente que me miraba, que me quería y que me daban atención y amor incondicional.

Pero la realidad es que mi carácter se siguió formando en un entorno que daba la razón a las decisiones que ya había tomado y por lo tanto se afianzaron.

No hablo desde el resentimiento o la lamentación, esas facetas ya las superé.

Hace tiempo que entendí que los padres siempre hacen lo que creen mejor para sus hijos, con las herramientas y las circunstancias que cada uno tiene y agradezco todo lo que mis padres hicieron por mí.

También, en este camino de aprendizaje, he entendido que quienes tomamos las decisiones en nuestra vida somos únicamente nosotros y que nadie nos puede obligar a pensar algo si nosotros no lo permitimos.

Hoy hablo desde la esperanza y la alegría.

Y es que el darme cuenta de lo que esto realmente significa, me ha liberado de una gran carga que llevaba soportando muchos años sobre mis hombros.

Cuando pienso en mi, como madre y en las heridas que he podido causar a mis hijas por mi falta de conocimientos y sobretodo por mi falta de madurez, la culpa siempre ha estado presente y había sido incapaz de librarme de ella por mucho que lo intentara.

Como todas sabéis, la culpa es nuestra gran enemiga y está presente en nuestras vidas bloqueandonos y no dejándonos sacar lo mejor de nosotras mismas.

Pero ahora entiendo que todo tiene solución!

Se que si les hice daño, está en mi mano arreglarlo y compensarlo.

Pero no puedo perder ni un segundo más en lamentaciones.

El único camino posible es empezar ahora mismo a tomar conciencia, a mirarlas, a escucharlas y a cubrir sus verdaderas necesidades, desde el amor incondicional y siempre lejos del miedo y la amenaza.

Si yo cambio, cambia todo, cambia el ambiente y cambia todo lo que ellas perciben. Y si por ejemplo, tomaron la decisión de esconder su propia esencia por miedo a regaños o enfados, cuando sientan que están en un ambiente seguro y protegidas donde se respeta lo que ellas realmente son, van a estar felices de volverse a abrir y a conectarse porque ese es su máximo anhelo, poder darnos su amor sin límites y sin restricciones.

Nunca es tarde para curar heridas y empezar a construir una relación sana y de corazón con nuestros hijos. El único tiempo perdido es el que pasa mientras nos estamos quejando, culpando o lamentando y no empezamos a actuar.