El abismo de volver

12.05.2017

Han sido más de 9 años trabajando y viviendo lejos de España. Mi vida y yo misma no somos ni parecidas a las que éramos en aquel tiempo cuando decidí irme a Argelia por unos días.

En aquella época tenía 29 años, estaba soltera y lo único en lo que pensaba era en salir corriendo.

La vida (y mi empresa) me llevo después a México, Kuwait, Hanói, Saigón y por último ahora a Manila. Entre mudanza y mudanza conocí a mi marido, nos casamos y tuvimos 2 hijas que ahora tienen 2 y 5 años. El camino recorrido desde que llegaron mis hijas es el que ha hecho posible este proyecto y lo comparto con vosotras en Mi Camino© y en este nuevo Mi Camino.

Pero ahora todo esto de vivir como expatriado, de conocer el mundo a gastos pagados y no tener que preocuparme de nada más que de trabajar y de mis hijas se acabó. Nos toca volver.

Se podría pensar: Qué bien! Volver a casa por fin, con los tuyos, a tu país, donde se habla tu idioma y te entienden las gracias. Pues no, para mí no, para mí es como un salto al vacío que me tiene aterrorizada.

Después de haber tenido unas condiciones de expatriación que ahora mismo serían el sueño de cualquiera, vamos a pasar muy probablemente a cobrar el paro durante tiempo indefinido.

Después de haber tenido ayuda para no fregar ni un plato durante todos estos años ahora nos va a tocar hacerlo absolutamente todo.

Después de haber estado viajando a los lugares más increíbles y conociendo el mundo, nos espera una temporada de no movernos más allá de donde nos lleve un depósito de gasolina.

Nos toca buscar casa y pagarla nosotros.

Nos toca buscar cole y pagarlo nosotros.

Etc., etc.

Diréis que soy muy materialista porque solo veo el tema económico pero no es realmente el tema económico lo que me preocupa, si no el modo de vida que hemos llevado en los países que hemos estado con nuestras condiciones y el modo de vida que nos espera en España con las condiciones que vamos a tener.

Las comodidades y facilidades de las que hemos disfrutado me han permitido poder enfocarme en mis hijas y lo que es más importante, conseguir estar descansada y con humor para disfrutar del tiempo que paso con ellas, sin pensar en otras cosas ni estar de malas por lo que tienes que hacer o por lo cansada que estás de todo lo que has hecho.

Tener maids en casa me ha permitido poder apartarme cuando sentía que la situación me superaba y probablemente iba a empezar a digievolucionar.

Ahora se nos presenta la situación de estar los 4 juntos en casa todo el día, sin nada que hacer y por mucho tiempo. Vamos a estar preocupados porque no sabemos que nos depara el futuro, son un millón de incógnitas y variables que tenemos que ir despejando y resolviendo una a una y necesitamos serenidad y mucha calma, pero no sé de donde la vamos a sacar.

Muchos pensaréis que bueno, ahora no voy a tener ayuda de fuera pero tengo a la familia, que siempre pueden echar una mano y tal. Pues en nuestro caso ese es uno de los temas más espinosos y que más terror me dan de todos los que se me plantean en esta mudanza.

Creo que lo mejor de haber criado a nuestras hijas en el extranjero es que nos ha permitido hacerlo como nosotros hemos querido y sin las opiniones ni presiones de nadie, que en España suelen ser tan habituales.

En fin, que van a ser mil y un cambios, cambios radicales y, aunque estoy intentando prepararme psicológicamente para ello, es realmente muy difícil y sé que lo será todavía más cuando lleguemos allí y ni siquiera sepamos donde vamos a dormir al día siguiente.

Esto es literalmente salir de la zona de confort a la fuerza y si no a mí que me lo expliquen, porque yo te aseguro que no tenía ninguna gana de dejar mi zona de confort y mucho menos la de mis hijas que están felices por fin en su colegio, con sus amigos del edificio y con la vida que llevamos aquí y ahora explícales que nos vamos OTRA VEZ y que tienen que volver a decir adiós a todo su mundo.

Esta mañana ha sido el día de la madre aquí y ha habido celebración en el cole, de sorpresa he tenido que hablar y desde que he intentado decir una palabra me he puesto a llorar como una magdalena, inconsolablemente. Mis hijas me miraban con pena y vergüenza a la vez, pobrecitas mías. Solo espero que esta vez ya si les pueda dar la estabilidad que necesitan.