Cuando nuestras sombras nos vuelven a mostrar que no hay tregua

15.01.2018

No nos podemos despistar ni un momento mujeres. Si queremos realmente tomar nuestras decisiones de forma consciente y no dejar que todo eso que nos pasó y que quedó guardado en nuestra sombra lo haga y nos controle cuando quiera, tenemos que ser conscientes de que debemos ser conscientes en todo momento porque en cuanto nos despistamos ahí están nuestros automáticos preparados para que la historia se repita una y otra vez.


Que qué me ha pasado ahora?

Tras 7 meses en España tuvimos que volver a coger a las maletas y hacer nuestra enésima mudanza en pocos años, pero esta vez estaba decidida a hacer las cosas bien.

Después de tantas mudanzas y tantos errores algo hemos ido aprendiendo y esta vez tenía claro que lo primero eran las niñas y que no iba a tener prisa para empezar a trabajar hasta encontrar un cole donde ellas realmente estuvieran bien.

La tarea de encontrar un cole decente en Manila, después de pasar por la mejor experiencia educativa que nunca me hubiera podido imaginar en El Jardín era realmente difícil pero es algo que teníamos que hacer e incluso las niñas sabían que lo que nos íbamos a encontrar distaba mucho de aquello que acabamos de dejar con tanta pena.


Entre varias opciones vimos un cole con buena pinta llamado Global Leaders International School  y comenzamos con el periodo de prueba. Ana enseguida dijo que a ella eso no le gustaba pero a Carmen la metieron en Grade 1 y como eso de verse con niños más mayores le encanta, rápidamente dijo: de aquí soy! como buena mexicana que es. Y aunque le empezaron a hacer exámenes y otras cosas, que a mi me ponían los pelos como escarpias, ella seguía empeñada en seguir en ese cole.

Para Ana probamos un preschool Montessori  cerca de casa y, aunque está dentro de un edificio y es bastante estructurado, le gustó mucho. Este mismo Preschool tenía una clase con niños de la edad de Carmen y yo pensé que ella podría estar allí más a gusto y le propuse que hiciera una prueba, pero ella seguía obcecada con el cole de mayores aunque entrara a las 7 de la mañana y tuviese una jornada de casi 8 horas tras la que acababa, obviamente, agotada.

Sopesamos los pros y los contras, le expusimos todo lo que un cole de mayores conlleva y ella nos dejó clarísimo que no iba a probar otro cole y que ese le encantaba así que con la decisión firmemente tomada, se lo comuniqué a la administración del colegio, a la profesora y a cristo bendito, empecé a rellenar formularios, pedir cuentas bancarias, etc.

Mi niña había tomado su decisión, nosotros la habíamos respetado y un problema menos...

Peeeeero, al día siguiente, cuando fui a llevarla al cole toda contenta, al abrir la puerta de clase vio una niña nueva y no sé qué le pasó por su cabeza que todo se dio la vuelta. Toda la madurez que había mostrado los días anteriores se vino abajo y ahora volvía a ser una niña de 5 años vulnerable que se daba cuenta de que aquello de ser mayor estaba bien como un juego puntual pero que ella necesitaba ser una niña cuando quisiera y sin sentirse juzgada por ello.

Entonces, mi cara de madre orgullosa se quedó petrificada cuando después de todo el lío que habíamos montado me di cuenta de que Carmen estaba insegura y que estaba cambiando de opinión y por muy mentalizaba que estaba de priorizar sus necesidades frente a todo lo demás, la presión de recular, de pasar vergüenza frente a la profesora, la administración, etc. fue tan fuerte que en un principio me costó mirar con el corazón a mi hija porque de lo que realmente me daban ganas era de empujarla a la clase, cerrar la puerta y seguir con mi plan del día.

Gracias a no se qué me centré, respiré hondo, cogí a Carmen de la mano y nos fuimos a comer algo y a hablar. Me dijo que se había dado cuenta de que no estaba preparada para ese cole y que quería probar el de su hermana. La apoyé, alabé su valentía para decir siempre lo que piensa y lo que quiere y nos fuimos juntas de la mano. Cuando salíamos, una profe le preguntó que qué le pasaba y ella le dijo en un perfecto inglés y muy segura que volvería cuando tuviera 6 años.

Al final: orgullosa de ella y orgullosa de mi, porque aunque nuestros automáticos tan arraigados en nuestro subconsciente salen con fuerza cuando menos los necesitamos, la constancia y la conciencia de lo que realmente queremos nos permite cambiar esas decisiones que marcarán la infancia de nuestros hijos y por lo tanto su mochila emocional de por vida.

Yo, en este caso, fui capaz de abrir los ojos a tiempo y anteponer la necesidad de mi hija a los miedos de lo que el resto del mundo pudiera pensar o esperar de mi.

No nos podemos relajar ni un segundo porque cuando lo hacemos la inercia nos lleva otra vez a nuestro surco y volvemos a cometer los mismos errores una y otra vez, pero si estamos alerta tenemos la posibilidad de escribir nuestra historia y cambiar el rumbo del mundo a través de una crianza consciente y respetuosa, dando de verdad voz a nuestros hijos.

Esta es mi experiencia y mi reflexión, me encantaría conocer la tuya y tu opinión. Un abrazo.